Hola a todos¡¡¡¡¡¡¡

Inauguro esta sección dedicada a la Historia con una entrevista obtenida de la web http://www.larepublica.es/spip.php?article5296

En ella le preguntan su opinión sobre diviersos aspectos relacionados con la Guerra Civil y su repercusión en la sociedad de hoy en día.

Os invito a que la leáis. Julian Casanova es un magnifico profesor, además de verdad y un historiador de gran rigor.
Es una lástima que en este país abunde la incultura, que haya gente que alabe a historiadores de palabra fácil y mentira rápida como César Vidal, y sin embargo ignore a uno de los mejores expertos en la Guerra Civil y arnacosindicalismo que existe en España.

-------------------------------------------------

Blanca Vázquez

Julián Casanova, es catedrático de Historia
Contemporánea en la Universidad de Zaragoza. También es un riguroso
historiador, minucioso con la verdad histórica con la que, como
especialista que es, siempre acompaña de una extensa documentación.
Este intelectual, considerado “Vaca sagrada” de la historia
contemporánea, formador de buenos estudiantes, ha recorrido el mundo
académico de gran parte del planeta como profesor.

Autor de una extensa bibliografía histórica, destacan
Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa, 1936-1938
(1985), La historia social y los historiadores (1991), De la calle al
frente. El anarcosindicalismo en España, 1931-1939 (1997, editado en
ingléés, Londres y Nueva y York, 2005)), La Iglesia de Franco (2001,
bolsillo 2005), Anarquismo y violencia política en la España del siglo
XX (2007) y República y guerra civil (Crítica/Marcial Pons, 2007);
Compilador de obras como Guerras civiles en el siglo XX (2001) y Morir,
matar, sobrevivir. La violencia en la dictadura de Franco (2002);
además de coautor de El pasado oculto. Fascismo y violencia en Aragóón,
1936-1939 (1992) y Victimas de la guerra civil (Madrid, 1999).

Es miembro del Consejo de Redacción de la revista
Historia Social y miembro del Consejo Asesor de Studia Historica y The
International Journal of Iberian Studies (Bradford, England). Y es
colaborador habitual en las páginas de opinión de El País.

P1: Cómo experto y concienzudo
historiador, ¿ a quién cree que satisface la futura ley de memoria
histórica, porque parece que a nadie?

Meter en una ley la memoria histórica, en singular,
cuando hay muchas memorias, es una tarea muy difícil. Quienes sufrieron
la persecución en la zona republicana, desde los excombatientes a los
excautivos, pasando por los familiares de todos los asesinados , ya
fueron compensados con creces, como vencedores de la guerra, por la
legislación franquista y la Iglesia católica que sigue hoy perpetuando
la memoria de sus mártires, no sólo religiosos, con ceremonias de
beatificación. Por el contrario, las familias de los asesinados por las
violencia de los militares sublevados y las víctimas de la dictadura
franquista tienen todavía pendiente ese reconocimiento jurídico y
político. Es ese desequilibrio de la memoria el que se discute en la
actualidad. Pero va a ser cuestión de tiempo, de voluntad política y de
educación cívica

P2: ¿¿Tan miedosos fuimos que
dejamos en manos de hispanistas extranjeros los primeros desafíos
históricos de la Transición con respecto a esa contienda bélica que no
osábamos mirar ni de costado?

Estaban en mejores condiciones para hacerlo. Venían de
mejores universidades y, especialmente los británicos y
norteamericanos, estaban acostumbrados, por educacióón, a realizar
síntesis narrativas, de esas que con una mirada general te sitúan de
forma precisa ante los hechos. Muchos españoles se aproximaron a la vez
a ese pasado, sin miedo, pero con historias locales y con narraciones
que no llegaban a un público amplio. Por eso la gente recuerda a esos
ingleses y no al historiador español que en muchos casos les
proporciona la materia prima desde Huesca, Barcelona o Murcia.

P3: Las historia tiene sus ironías. Hemos podido juzgar en España a Pinochet pero incapaces de juzgar y condenar a Franco...

No hay ninguna duda sobre la definición y existencia de
los crímenes políticos de la dictadura franquista. Pero la transición
democrática los perdonó, cerró ese tema y no creo que sea momento de
reclamar ahora "justicia punitiva" para los responsables y
perpetradores de esos críímenes. Otra cosa muy diferente es que haya
gente que niegue esos crímenes o que saque un libro sobre los
asesinatos de Paracuellos, un tema al que el franquismo ya recurrió una
y otra vez, para arrojarlo a la cara de los que ellos consideran rojos.
Sin entrar en más matices, la violencia políítica existió en las dos
zonas durante la guerra civil. Pero después de abril de 1939, el
monopolio de la violencia, ilegal y cruel, lo ejerció sólo la dictadura
que se levantó sobre los cadáveres de los vencidos en la guerra.
Quienes niegan los crímenes de la dictadura franquista tampoco están
muy interesados en airear los de Videla o Pinochet.

P4: Son hoy los nietos de las
víctimas del franquismo los que quieren desenterrar lo ocultado. Pero
también hay otros nietos que quieren salvaguardar la etapa franquista
como redentora. ¿Sigue la división en las generaciones posteriores?

Cuando se habla de nietos, normalmente se trata de
nietos de las víctimas de la violencia ejercida en el bando de los
militares sublevados durante la guerra civil. Porque muchas de las
víctimas del franquismo viven todavía y cuentan también sus historias.
Y claro, hay otros nietos que, como dice usted, "quieren guardar como
salvadora la etapa franquista". Esas son las memorias a las que me
refería antes. No es una división que se plasma en una nueva
generación. Se trata más bien del legado de las dos memorias
diferentes, de cómo le contaron a cada uno la historia, y de cómo
gestionar hoy esa memoria.

P5: Aborda el anarquismo en una de
sus obras recientes “Anarquismo y la violencia política en la España
del siglo XX””. ¿No es el anarquista un ser de convicciones
libertarias, utópicas, un eterno reformador de la historia en curso que
ve inevitable el uso de la violencia en algunos casos? . ¿Qué significa
ser anarquista?

Desde la fundación de las primeras organizaciones
obreras anarquistas en 1870 hasta el exilio republicano de 1939, el
anarquismo arrastró tras su bandera roja y negra a sectores populares
diversos y muy amplios. Sin ellos, nunca hubiera llegado a ser un
movimiento de masas, se hubiera quedado en una ideología úútil para
individualidades rebeldes, muy revolucionaria pero frágil, arrinconada
por el crecimiento socialista y relegada a la violencia verbal. Pero su
historia quedó también asociada a la bomba y al revólver, a la
siniestra figura del hombre de capa negra con el cartucho de dinamita y
al pistolero, al anticlerical y justiciero de la Federación Anarquista
Ibérica (FAI). Son las dos caras del anarquismo, la que arraigó en los
sindicatos y la violenta. Un anarquista es alguien que lucha contra la
propiedad privada y contra el Estado, que cree en la acción directa
como forma de lucha y niega la posibilidad de transformar la sociedad a
través de la lucha parlamentaria. Eso es lo que le diferencia
básicamente de socialistas y comunistas. Pero ese antipoliticismo lo
practicaba el anarquismo en tiempos de corrupción política, cuando las
elecciones no eran libres y los Estados daban más palo que zanahoria.
La modernización y democratización se engulleron a ese movimiento,
aunque en España la guerra y la represión franquista dejaron poco de él.

P6: “Siempre ha habido gente que
sostiene que la verdad es a veces inoportuna, desfavorable: un lujo”.
Afirmaba Susan Sontag. ¿Qué tanto por ciento de verdad guarda la
historia universal?

Verdades relativas, pero verdades. Sabemos muchas cosas
sobre el pasado que son incuestionables, que han sido verificadas a
través de documentos e investigaciones rigurosas. Pero son verdades
relativas, sujetas siempre a las miradas de las diversas
nacionalidades, razas, religiones, clases o géneros.

P7: La destrucción de libros nos
impide responder algunas preguntas clave de la historia. El escritor
Fernando Báez proporciona datos imprescindibles en "Historia universal
de la destrucción de libros". ¿Y los archivos cuantas preguntas pueden
responder?

Muchas, aunque siempre responderán más y mejor de los
acontecimientos del pasado protagonizados por los grandes personajes y
los poderosos. Pero no sólo de archivos y documentos vive el
historiador, que busca cualquier resto material, desde narraciones
literarias a legados arqueológicos.

P8: Marx dijo que la historia es
siempre un proceso dialéctico en donde los grandes procesos
estructurales requieren de la aparición de ciertos sujetos colectivos e
individuales. ¿Tendremos que esperar siempre grandes cambios de
generación en generación ?

Hay generaciones que vivieron tiempos mucho más
convulsos que otras. El período que en Europa va entre 1914 a 1945, por
ejemplo, es uno de ellos, extraordinario. Pasaron tantas cosas y hubo
tantos cambios que es difícil poner un poco de orden en la narración.
Aunque por mucho que se quiera poner énfasis en los cambios culturales,
políticos y sociales, al final resultóó que murieron ochenta millones
de personas como consecuencia de la violencia del Estado, de la
revolucionaria, fascista o de los militares. En la Europa de las
civilizaciones. Y todo en apenas treinta años

P9: Los errores de la izquierda se
han convertido en los eternos tópicos siempre esgrimidos por los
oponentes conservadores de todos los gobiernos mundiales. El
estalinismo y el “pensamiento único”” proclamaban el fin de la
historia, cada uno en su tiempo: terminar el juego cuando ganaban. ¿Hoy
los movimientos obreros, sindicales y populares que representaban el
estalinismo han pasado a la historia?

Sí, afortunadamente. Porque una cosa es la prédica de
la libertad y la justicia social que está en el origen de todas las
variedades del socialismo decimonónico y otra muy diferente son las
nefastas manifestaciones prácticas que todo eso tuvo cuando llegaron al
poder en algunos países. La libertad, la pluralidad y el respeto a los
demás, acompañado de beneficios económicos y sociales para una mayoría,
han sido bienes escasos en la historia y hoy hay todavía millones y
millones de ciudadanos en todo el mundo que no tienen acceso a ellos.

P10: El sistema educativo juega un
papel importante a la hora de impartir historia. Y la historia de la
evolución humana es de vital importancia para un conocimiento mutuo.
¿No debería haber un tribunal internacional que prohibiera, por ley
rigorista, el creacionismo y la teoría inteligente ahí donde se imparte?

Yo soy poco partidario de regular el conocimiento y de
poner normas al saber. Los tribunales internacionales, en cualquier
caso, siempre representarían la versióón de la historia del hombre,
masculino, blanco.

P11: Siguiendo la estela de la
pregunta anterior. Negar los hechos científicos, negar el holocausto,
negar la historia no es una irresponsabilidad política, moral, ética,
legal, y de la lógica?

Eso aclara más la pregunta anterior. Porque sí que
existen responsabilidades políticas, legales y éticas y no afectan
igual a todos los ciudadanos. Algunos son más responsables que otros.
No es lo mismo que niegue el holocausto un militante de la ultraderecha
que un profesor de universidad o un periodista, que están obligados a
ser rigurosos y honrados con los conocimientos a su alcance. Y no es lo
mismo que no condene el golpe de Estado de julio de 1936 un ciudadano
de la calle que un parlamentario del Partido Popular.

P12: Los historiadores son quienes
articulan o reconstruyen la historia de los pueblos y generaciones, su
imagen ya pasada, presente y futura. ¿Quéé juramento hipocrático tiene
que hacer un buen historiador?

La honradez intelectual: ser fiel a las fuentes, nunca
ocultar lo que se encuentra, aunque no le guste a uno o no se adapte a
sus ideas, y sacar aquellas partes más ocultas de la historia, las que
nunca tienen en cuenta los propagandistas oficiales.

P13: ¿¿Dígame que libro lee en estos momentos, y me sorprendería que no fuera de historia?

Suelo tener siempre dos libros abiertos, una novela y
uno de ensayo. Ahora estoy acabando El corazón helado, de Almudena
Grandes, y El arte de la ficcióón, de David Lodge. Eso de abandonar la
docencia para escribir novelas, como hizo el inglés Lodge, antiguo
profesor de literatura, está bien. Y con su Small World (traducido al
castellano como El mundo es un paññuelo) se disfruta mucho.

P14: Mucha gente se ha agarrado a
esas novelas históricas, a caballo entre el rigor histórico y la
aventura, con las que les parece más divertido saber sobre historia.
Por ejemplo las entregas de Jean M. Auel. ¿Es una equivocación
engancharse a esos libros?

La historia y la ficción se confunden a menudo y las
novelas históricas son el mejor ejemplo. Está bien que cientos de miles
de personas lean El código da Vinci, La catedral del mar, o la serie de
Los hijos de la tierra, por citar ejemplos muy recientes. No creo que
pueda compararse con la buena literatura, la que puede representar
Faulkner en el siglo XX o Galdóós en el XIX, aunque yo nunca les he
negado el mérito de compartir sus historias con tantos lectores. No los
he leído porque tengo antes cientos de libros esperando. De los
best-seller de los últimos años, de esos que te dicen los editores que
han vendido más de un millón de ejemplares, sólo he leído La sombra del
viento. Aunque también son best-seller A sangre fría o Crónica de una
muerte anunciada, mis modelos favoritos de precisión narrativa.

P15: ¿¿Contribuye en algo Internet
a esclarece la historia, o más bien al contrario? ¿No se van instalando
demasiadas opiniones sin contrastar en el ensordecedor silencio de la
Red?

El acceso a Internet está cambiando de forma radical
las fuentes de informacióón. Como fuente de información es impagable,
pero es también el mejor modo de apropiarse de contenidos ajenos. El
plagio se va a convertir en norma, sobre todo si no acostumbramos a los
jóvenes estudiantes a citar las fuentes utilizadas y a ser respetuosos
con las opiniones de los demás.

P16: Como síntesis ¿cuál es el Talón de Aquiles de la historia?

Somos los historiadores, y no la historia, quienes
tenemos Talón de Aquiles. Inventar, falsear la historia, adaptarla a
nuestras propias preconcepciones, es uno de ellos. El otro, en el
extremo opuesto, pensar que existe la posibilidad de reconstruir con
total objetividad el pasado. Ese es un sueño que todavía se estimula en
muchas Facultades de historia.

Entrevista sacada de:

http://www.larepublica.es/spip.php?article5296